miércoles, 27 de febrero de 2008

Sólo hablarán de nosotras cuando hayamos muerto

Leo la prensa esta mañana y encuentro los siguientes titulares:

1º: 4 mujeres mueren a manos de sus compañeros sentimentales en un día.
2º: Quince víctimas mortales de violencia doméstica en lo que va de año.

Y continúa:
“España registró este martes la jornada más sangrienta a causa de la violencia machista, desde que las autoridades estudian este problema social, según confirmó a Europa Press la presidenta del Observatorio sobre la Violencia de Género del Consejo General del Poder Judicial”.

Aún resuenan los ecos del debate electoral. Si no me equivoco este tema no fue abordado ni por Rajoy ni por Zapatero. También es cierto que las medidas tomadas durante la legislatura de este último no han servido de mucho. Como vemos, las denuncias interpuestas por las mujeres y las consiguientes órdenes de alejamiento son inútiles. Una de las víctimas había puesto dos denuncias. Y aún así la Secretaria de Estado para la Violencia de Género esta misma mañana insistía, totalmente convencida, del uso de la ‘denuncia’ como solución al problema.

Por desgracia estos homicidios no sólo suceden en España sino también en otros países de la UE donde pudiera pensarse que están más civilizados que nosotros: Alemania, Francia etc. Nada más lejos de la realidad, la cifra de víctimas es aún mayor. Resulta curioso que no se celebre ninguna cumbre europea donde se aborde un tema tan grave como este, ¿no? Sólo en España en los últimos siete años han sido asesinadas 509 mujeres.

De igual modo pienso que no se puede pretender que esta lacra sea erradicada única y exclusivamente desde las instituciones públicas. Es decir, cada uno de nosotros debemos implicarnos, ayudar a nuestras madres, hijas, hermanas, vecinas, amigas... que se encuentren viviendo este infierno y no mirar para otro lado. Creo más en esto último, sinceramente.

La mayoría de este tipo de noticias se ofrecen utilizando un lenguaje tan aséptico y eufemístico que pareciera que la víctima fuera el verdugo y viceversa. Las víctimas son anuladas de nombre, de apellidos, de profesión, de rostro (no sucediendo así con otros crímenes). Quedan relegadas a una fría cifra: víctima número 12, víctima número 40... Como si no quisiéramos enterarnos y ser conscientes plenamente de lo que realmente ha sucedido. ¿Por qué no llamar a las cosas por su nombre? ¿Por qué no llamar a las víctimas y también a sus verdugos por su nombre? Este uso del lenguaje se puede comprobar en los titulares anteriores:

En cuanto al primero: “4 mujeres mueren”. Aquí no se ha muerto ninguna mujer, aquí han sido asesinadas 4 mujeres. “A manos de sus compañeros (según la RAE : persona con la que se convive), sentimentales (según la RAE: Que alberga o suscita sentimientos tiernos o amorosos)”. Menuda ironía. Sería más propio decir que “4 mujeres han sido asesinadas por sus parejas”.

En cuanto al segundo titular: “violencia doméstica”. Según la RAE, ‘domesticar’ significa: ‘Hacer tratable a alguien que no lo es, moderar la aspereza de carácter’. Por tanto la locución resulta totalmente absurda y contradictoria. Tampoco son acertadas las expresiones: violencia machista o violencia de género. Ni cualquier otro adjetivo que pudiera acompañar a dicho sustantivo. La violencia es violencia y punto. No necesita de etiquetas. Ni ésta ni ninguna otra.

En cuanto al Observatorio sobre la Violencia de Género del CGPJ. Desconozco sinceramente en qué consiste tal ‘observatorio’, qué planes llevan a cabo y si alcanzan los objetivos marcados. Pero entiendo que a una mujer amenazada le tiene que sonar a algo tan remoto y lejano como pudieran sonarle los antiretrovirales a los enfermos de SIDA en cualquier país africano.