La noche del 15 de febrero fue una de esas para no olvidar. Ismael Serrano cantó en el Teatro Guerra de Lorca. Su saludo inicial, el conocido “Familiares y amigos”, no puede ser más acertado porque Ismael parece el amigo al que
conocemos de toda la vida dada la humildad, sencillez y cercanía con la que se muestra tanto dentro como fuera del escenario.
Y qué bien sonaron todas las canciones: Somos, Zamba del Emigrante (ya me hubiese gustado haber sido Mercedes Sosa esa noche), Si se callase el ruido, Vine del Norte, Ya ves (que no me canso nunca de escucharla) etc. Con su guitarra en mano y esa voz cálida, íntima y serena con la que envolvía y desenvolvía cada tema y agradecía en todo momento nuestros aplausos. Cuando éramos nosotros los que le estábamos más que agradecidos de que hubiera incluido a Lorca en su gira. El chico que estaba a mi lado le gritó un “me has hecho feliz esta noche” que le arrancó una sonrisa. Lo cierto es que a lo largo del concierto tanto él como su banda también nos arrancaron unas cuantas risas. Muy divertido, la verdad. Y sobre todo muy emotivo, como cuando recitó el poema “Naufrago” escrito por su padre, Rodolfo Serrano. De veras que Ismael parecía el cartero de Neruda en Valparaíso.
Cuando terminó el concierto, fuimos muchos los que aguardamos para que nos firmara un autógrafo. Cuando Ismael salió, parecíamos los reporteros del Tomate esperando a la Pantoja. Debió sentirse muy agobiado, la verdad. Sin embargo muy amablemente nos fue firmando a todos. Y no una simple firma para salir del paso, sino una preciosa dedicatoria, par de besos y foto incluida. Estábamos todos emocionados de poder saludarlo de cerca. Unos chicos de Instituto hasta le dijeron: “Ismael, vivimos en esa casa de ahí, ¿la ves? Si quieres puedes venirte con nosotros. Para lo que quieras ahí estamos”. E Ismael con el rostro cansado pero sonriente les dijo: “gracias hombre, gracias”. Yo no sé las veces que dijo “gracias” esa noche, pero las gracias sin duda alguna que se las debíamos nosotros a él por haber tenido el gesto de salir, dado el cansancio que debía tener y habida cuenta de que tras este concierto volvía a cantar los dos días siguientes. Hasta una que conozco se le acercó y le regaló un libro y todo, qué cosas tienen algunas...
Después de seguir a Ismael por la tv, la prensa, Internet. Después de escuchar a tanta gente lo bien que estaban sus conciertos, ya quería yo también estar en uno de ellos pues hacía ya tiempo desde el último. Porque bien es cierto que como el directo no hay nada, y más cuando el directo supera a la grabación, que fue el caso. Mi hermana y dos amigos con los que fui -que nunca habían ido a un concierto de él- salieron encantados. Y a todos se nos pasaron las más de dos horas volando.
Ah, se me olvidaba, a partir de ahora cada vez que me pida una “pipirrana”* me la tomaré a la salud del Sr. Javier Bergia, que conste.
*Ensalada hecha con pimiento y tomate principalmente, que se prepara de una manera especial y que está muy buena.


3 comentarios:
Gracias por pasarte por mi blog. Veo que compartimos algunas cosas. Un beso. Alicia
Qué voy a decirte....
Yo he tenido la suerte de verlo 3 veces desde que sacará su último disco y la verdad es que en ninguno de los 3 conciertos me ha decepcionado lo más mínimo.
No tengo la suerte de conocerlo en persona, nada más de un par de fotos y felicitarlo por el concierto pero se le ve qeu es una gran persona.
un abrazo
-javi-
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