Exiliada a ninguna parte
recorro caminos sedientos de pasos.
Mientras mi sombra sin nombre
se adentra por una calle sin gente.
Me detengo en todas las esquinas,
en todos los anuncios, en todos los diarios.
Como un apéndice extirpado,
como una indígena en la urbe,
como el amor desahuciado
que nunca supo del hambre.
No encajo en este mundo
de puzzles ya concluidos,
de misioneros sin destino,
de presentes sin pasado,
de horizontes que no alcanzo.
Mañana será otro día
pero yo seguiré siendo la misma
en la oficina del paro.
No hay comentarios:
Publicar un comentario