Tras la lluvia la ciudad me mira
con ojos de espejo. Caminar por el cielo es fácil si miras bajo tus pies. Las
farolas titilan una luz tenue e intimista. Está amaneciendo. Las gente camina absorta como en un
cuadro de Toulouse Lautrec. Llevo los bolsillos vacíos, el corazón lleno de
recuerdos. No sé cómo quitármelos de encima. Siempre vuelves a mí a través de
mi pensamiento;
Parnaso de lo que nunca fue,
del poema inacabado,
del término sin término,
de la voz sin tregua,
sin lengua.
Parnaso de lo que nunca fue,
del poema inacabado,
del término sin término,
de la voz sin tregua,
sin lengua.
Me detengo, respiro, observo a la
gente, a la gente de mi edad, a las mujeres de mi edad; actrices que representan
aquellos papeles para los que yo nunca fui seleccionada: madre, esposa, amante,
novia… Y vuelvo a pensar en ti, director
teatral que… cómo no, escogiste a otra para el papel que yo ansiaba.
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