'Gracias' me dijiste, y el mundo cobraba aires de grandeza. Te veía entrar cada mañana en mi oficina. Tú no eras Montgomery Clift en "Un lugar en el sol" ni yo Elizabeth Taylor, pero cada vez que te veía venía a mi imaginación la secuencia en la que ambos se encuentran mientras él juega al billar y gira la cabeza fascinado por su belleza. Sólo que yo pronuncio "hello" con mi mirada. Me sonríes y el telediario deja de emitir malas noticias. Hablas y cada palabra se posa con cadencia fortaleciendo todas y cada una de mis debilidades. Me miras y el azul del mar es sólo un boceto comparado con la fuerza de tu mirada, serena y pujante a la vez. Te sientas frente a mí, puedo sentir tu respiración, tu jadeo tras subir la escalera, tu pecho agitado que sube y baja. Tu miembro oculto tras el pantalón.
Me gusta el tono de tu voz. Suena premeditado, como si todo lo que dijeras fuera el texto ensayado de una obra de teatro. No sé qué pensarás de mi, ni lo sé ni me importa. Alguien dijo que la belleza está en los ojos de quien la contempla. Por eso mis ojos son grandes y hermosos. Por eso vieron cómo besabas a otra. ¿acaso no es más amor el no correspondido, que aquel que encuentra a su pareja?
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