miércoles, 20 de enero de 2010

Haití

Haití, Haití, y el mundo se detiene
o gira demasiado rápido, todo muere.

De negro, la muerte vino de negro,
a todas luces, a los sin suerte.
A todos llevó muy lejos,
lejos del hambre, de sus miserias,
a una desdicha quizá aún más grande:
a un campo de muerte.

Cuerpos enterrados, almas liberadas.
Los muertos llorarán a los vivos
cuando termine la hora del telediario.
Desnudas sus carencias,
desvencijados sus sueños,
una nube de polvo
les va cubriendo el cuerpo.

Haití, infierno multiplicado
donde todo es lo que parece.
Víctimas de hoy, futuro de ayer,
yacen abandonadas bajo tierra,
igual que ayer, igual de muertas,
sólo que entonces sobre ella.

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