Hoy nos ha dejado el escritor Francisco Ayala. Siempre me gustaba escucharle, sobre todo cuando hablaba de la generación del 27 y en especial de Federico García Lorca. Lo que hubiera dado yo por haber pasado un año junto a gente tan excepcional en la Residencia de Estudiantes de Madrid.
Hombre extremadamente sencillo, cercano y con una lucidez enorme para la edad que tenía. Pero ya se sabe que las personas buenas, por darnos luz a los demás, están obligadas a ser y a estar lúcidas hasta que se apagan, sí, pero sólo momentáneamente porque esa misma luz vuelve a brillar de nuevo con la calidez que nos produce la llama inapagable e impagable de su obra.
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