martes, 2 de febrero de 2010

Reflexiones

Morir un poco cada día, como los días de otoño. Se puede ir muriendo de muchas formas. Se puede morir sin llegar a morir. Hay muertes que se quedan ancladas en nuestro pensamiento. Allí permanecen, acompañadas de nuestro recuerdo. Construimos una urbanización de recuerdos. Multitud de vivencias unidas por un jardín adosado al alma. A veces la mentira se conjuga con la verdad y entre ambas van tejiendo una suerte de misterio que nos alivia del peso de la vida. ¿Por qué no pudimos seguir viviendo en el pasado? ¿Cuándo fuimos conscientes de que aquel se había esfumado y de que sólo nos quedaba un presente tan presente como incierto?

No hay trabajo en el trabajo, ni en el amor, ni en los afectos. Todo se compra con dinero, nada puede comprarse con dinero. Será obligatorio jubilarse a los 67 años. ¿A qué edad será obligatorio trabajar? ¿Acaso no es un deber y un derecho? Como lo es la vivienda, una remuneración que satisfaga nuestras necesidades y las de nuestra familia … Cada vez entiendo menos, o quizá me haya cansado de entender. Quizá la solución pase porque el Congreso de los diputados amplíe su número de 350 a 40 millones de escaños. Quizá sólo así de ‘siervos puteados’ pasemos a ser ‘señoríos diputados’.

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