Un día de finales de Agosto, te atreviste a mirarme ¿te acuerdas? Yo disimulaba mis nervios oculta tras unas gafas de sol mientras fingía leer una novela. En realidad sólo tenía ojos para leerte a ti. Portada y encuadernación perfectas, sin duda. Pero eso no me bastaba, necesitaba leerte por completo, comentarte, analizarte.
Estabas recostado en la orilla del mar. ¿Te acuerdas? Las olas acariciaban tu infinita espalda con el mismo beneplácito que una amante sin prisas. Tus hermosos brazos se fundían en la arena y tus manos jugaban a detener la espuma incesante de las olas. Eras callado, sí, terriblemente callado. Tus ojos tampoco decían mucho o si lo hacían, tan sólo el suelo podía hacerse eco de su frágil murmullo.
Enseguida te diste cuenta de que no pasaba página, de que también te observaba. De que el rubor de mis mejillas nada tenía que ver con el sol que nos tatuaba el cuerpo. Sonreíste y te sumergiste en el mar como una gaviota hambrienta que busca un pez que devorar. Y me devoraste, vaya que si lo hiciste. Cada embestida tuya era como una herida ansiada cuya sangre recorría todas las regiones de mi deseo.
- Gora San Fermín- decía mientras murmurabas palabras en euskera, palabras cuyo significado desconocía y reconocía al momento.
- Gora- me contestaste- Pero que hoy no te proteja.
Estabas recostado en la orilla del mar. ¿Te acuerdas? Las olas acariciaban tu infinita espalda con el mismo beneplácito que una amante sin prisas. Tus hermosos brazos se fundían en la arena y tus manos jugaban a detener la espuma incesante de las olas. Eras callado, sí, terriblemente callado. Tus ojos tampoco decían mucho o si lo hacían, tan sólo el suelo podía hacerse eco de su frágil murmullo.
Enseguida te diste cuenta de que no pasaba página, de que también te observaba. De que el rubor de mis mejillas nada tenía que ver con el sol que nos tatuaba el cuerpo. Sonreíste y te sumergiste en el mar como una gaviota hambrienta que busca un pez que devorar. Y me devoraste, vaya que si lo hiciste. Cada embestida tuya era como una herida ansiada cuya sangre recorría todas las regiones de mi deseo.
- Gora San Fermín- decía mientras murmurabas palabras en euskera, palabras cuyo significado desconocía y reconocía al momento.
- Gora- me contestaste- Pero que hoy no te proteja.
No hay comentarios:
Publicar un comentario