Me detengo en la estría de tu sexo
cabizbajo, observo tu melancolía.
Como la mañana te abres desnuda,
adoro tu cuerpo adosado al mío.
Me miras, y no con los ojos.
Sonríes, hinchados los párpados.
En mil idiomas sin acentos respondes
y sin pedir nada a cambio.
Detente ahora que el instante
es un naufragio de libidos
donde el vaivén de tu boca
me devuelve su sesgo desmedido.
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