Hay un programa en la ETBsat llamado “Pásalo”. Se emite desde las cuatro y cuarto hasta las seis y media más o menos, todas las tardes de lunes a viernes. Yo siempre que puedo lo veo, habida cuenta de la programación del resto de cadenas: telenovelas, realities y programas del corazón. A parte eso sí, de la simpatía de los presentadores: Adela González e Iñaki López que son muy graciosos y tienen un arte moderando que no se puede aguantar. Además durante la publicidad no ponen anuncios sino que se muestran imágenes de Euskadi acompañadas de una canción cantada en euskera. Las imágenes, para alguien del sur como yo donde todo está cada vez más seco, no pueden ser más bonitas. En ellas se puede apreciar cómo el verde de la naturaleza, el rojo de los tejados de los caseríos y el blanco de las fachadas de los mismos, no parecen sino la prolongación de su tan querida ikurriña.
Aunque no sepa hablar el euskera, es una lengua que me atrae profundamente, ni yo misma sé porqué. Solo sé que me quedo como una boba escuchándola por la televisión aunque no entienda más que el “bai” y el “agur” y pare usted de contar. Quizá por lo que tiene de enigmática -al desconocerse su origen- y por la peculiaridad de su fonética, sea por lo que la encuentro tan interesante.
Pero lo que más me gusta del programa es que todas las ideologías políticas están representadas, todas, absolutamente todas. No como en el resto de programas donde claramente predomina una ideología determinada, cuando no es sólo una la que hace acto de presencia. Hablar de Euskadi es hablar de diversidad diversa, de heterogeneidad heterogénea, de pluralidad plural..., de complejidad compleja. Pues bien, todos estos sustantivos y adjetivos están plenamente presentes en el programa.
Todos los tertulianos exponen sus ideas libremente con la palabra, con ésta se defiende el nacionalismo vasco, el nacionalismo español, Euskal Herria, España, El Estado de las Autonomías... Cualquier modelo territorial es defendido desde todos los puntos de vista. Todas las opiniones son escuchadas desde el respeto al que, aunque no piense como tú, es ante todo un ser vivo como tú y por tanto tiene que “ser vivo” y no “estar muerto”.
He de confesar que con algunas opiniones estoy totalmente en contra. Pero sigo escuchando porque por muy en contra que esté, dicha idea es defendida con la palabra. Y porque quien la expone, respeta y escucha al que sí que piensa como yo y viceversa. Esto es lo bonito y cojonudo de este programa: que las personas que forman parte de él (y que son un reflejo de todas las ideas políticas tanto vascas como españolas) nunca vencen con algo tan absurdo, inútil y fácil como es poner una bomba, sino que convencen con algo tan racional, útil y difícil como es la palabra.
Aunque no sepa hablar el euskera, es una lengua que me atrae profundamente, ni yo misma sé porqué. Solo sé que me quedo como una boba escuchándola por la televisión aunque no entienda más que el “bai” y el “agur” y pare usted de contar. Quizá por lo que tiene de enigmática -al desconocerse su origen- y por la peculiaridad de su fonética, sea por lo que la encuentro tan interesante.
Pero lo que más me gusta del programa es que todas las ideologías políticas están representadas, todas, absolutamente todas. No como en el resto de programas donde claramente predomina una ideología determinada, cuando no es sólo una la que hace acto de presencia. Hablar de Euskadi es hablar de diversidad diversa, de heterogeneidad heterogénea, de pluralidad plural..., de complejidad compleja. Pues bien, todos estos sustantivos y adjetivos están plenamente presentes en el programa.
Todos los tertulianos exponen sus ideas libremente con la palabra, con ésta se defiende el nacionalismo vasco, el nacionalismo español, Euskal Herria, España, El Estado de las Autonomías... Cualquier modelo territorial es defendido desde todos los puntos de vista. Todas las opiniones son escuchadas desde el respeto al que, aunque no piense como tú, es ante todo un ser vivo como tú y por tanto tiene que “ser vivo” y no “estar muerto”.
He de confesar que con algunas opiniones estoy totalmente en contra. Pero sigo escuchando porque por muy en contra que esté, dicha idea es defendida con la palabra. Y porque quien la expone, respeta y escucha al que sí que piensa como yo y viceversa. Esto es lo bonito y cojonudo de este programa: que las personas que forman parte de él (y que son un reflejo de todas las ideas políticas tanto vascas como españolas) nunca vencen con algo tan absurdo, inútil y fácil como es poner una bomba, sino que convencen con algo tan racional, útil y difícil como es la palabra.
Nadie tiene la razón, todos tenemos nuestras razones. A menos que éstas se defiendan de un modo racional, dejarán de ser tales razones.
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