La semana tiene catorce días
y las horas doscientos minutos,
los meses duran dos años
y un segundo un día entero.
Miro el reloj y siempre es la misma hora
la hora en la que me dejaste.
Le doy cuerda, cambio su batería
pero no hay manera de que avance.
¡Feliz año nuevo!, me dicen unos.
¡Cumpleaños feliz! dicen otros.
Gracias..., les digo
aunque no sé muy bien
por qué.
Cuando se malgastó el tiempo
amando a quien no.
Cuando se despertaron esperanzas
escritas en una lengua del norte.
Cuando el sur nunca existió
por viejo, feo y monolingüe.
Cuando el norte fue un paraíso
donde Adán dio de comer a Eva
y el azul fue de todo mas un color.
Cuando mis dedos se cansaron
de teclear su nombre
y mi buzón acusó recibo de su ausencia.
Entonces la semana comenzó a tener catorce días
las horas a durar doscientos minutos,
los meses a perdurar dos años
y los segundos a dilatarse un día entero.
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