lunes, 7 de noviembre de 2011

Vascos

Cae la lluvia sobre tu espalda mojada. Minúsculas gotas rocían tu cuerpo. Rímel en tus pestañas. Brillo en tus labios. Me miras y me sonrojo como una rosa en el rocío. Hablas y el euskera se deshace en tu boca como un helado degustado a pleno sol. Te miro y me sonríes, como si fuera lo único que tienes que hacer ese día. Como si fueras un niño ansioso por abrir los regalos de Navidad. Me gusta contemplarte desnudo, observar cómo exhalas el vaho vacuo que todo lo cubre y descubre con un brillo aún más grande. Desnudo, tan sólo vestido por las palabras que cubren tu intelecto y el mío. Estaría escuchándote toda la vida. No quiero caricias, no quiero besos, sólo quiero palabras que me acaricien y palabras que me besen. Mis palabras castellanas no me sirven de nada. Tus vascas, en cambio, me llenan el alma.

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