Diciembre, un reguero de perfume masculino guía mis pasos. Son las siete y veinte de la mañana. Los barrenderos sacan lustre a las calles mientras mueven los carritos de la limpieza con el mismo empeño que los achoneros durante el desfile del “Entierro de la Sardina”. Los inmigrantes, abrigados hasta las cejas esperan a que un furgón, blindado del futuro que en su país no encontraron, les conduzca a los campos, a las obras..., en definitiva al trabajo que les quite el trabajo de tener que dar malas noticias a sus familiares sobre su precaria o nula situación laboral en España. Ha llovido, las calles son un espejo donde mirarse y mirar a los demás sin temor a ser descubiertos. Me roza el asta del manillar de una bicicleta cuyo ocupante se gira al pasar y me pide disculpas con la mano. Se las doy, ¡qué vamos a hacerle si lleva una camiseta con la imagen de Messi! Es lo que tiene ser culé. Otro que llega tarde al trabajo, me digo. Entre las bicicletas, los jubilados que salen a pasear y caminan como si llegaran tarde al trabajo, los empleados de banca clonados como clicks de playmobil y las ruidosas máquinas de la limpieza que ni crean ni destruyen la suciedad sino que sólo la transportan, me siento como un mozo atravesando la Calle Estafeta en pleno siete de Julio. Llego al trabajo, enciendo el ordenador, miro mi correo y como siempre... no me has escrito.
2 comentarios:
La vida continua y a seguir esperando.
Un saludo
Feliz año nuevo y un besote
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